quinta-feira, 2 de janeiro de 2014

A Importância das cerimônias de ingresso nas entidades nobiliárquicas

Las ceremonias de ingreso en las entidades nobiliarias y su benigna influencia sobre el estado noble español.
El estudio del estamento nobiliario entraña dificultades para identificar a las personas que lo forman, consecuencia del desinterés de algunos por formar parte del mismo o incluso por parte de quien ha olvidado su pertenencia. Otra cuestión es la de quienes ingresan en una Orden o Corporación, ya que deben probar su nobleza, ser recibidos en una ceremonia de ingreso, y realizar el juramento. 
 
 
Texto: Íñigo de Nogales-Delicado y Rosal. Magíster en Derecho Nobiliario y Premial, Genealogía y Heráldica por la U.N.E.D. Fotos: Manolo Gómez. 
 
 
Introducción.
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Las ceremonias de ingreso de las entidades nobiliarias revisten una importancia extraordinaria al ser una de las escasas manifestaciones públicas que, como grupo social, lleva acabo el estamento nobiliario en la actualidad. Las ciencias sociales, en especial la antropología cultural y la sociología nos pueden ayudar a analizar y comprender, además, la trascendencia de estas ceremonias tanto para la entidad, como para el estamento y el individuo que ingresa.
 
Estas ceremonias o rituales de ingreso, se pueden estudiar desde dos ópticas diferentes pero complementarias: cómo 'rito de paso' o 'rito de institución'[1]. La primera estudiará como el rito afecta al individuo desde un punto de vista biológico-vital y dentro de su ciclo de vida familiar[2]. En cambio, la segunda, se centrará en la función social del ritual; es decir, en las consecuencias que tiene el rito tanto para el grupo social, como sobre el Individuo[3]. También podría estudiarse la profunda simbología que encierran los ceremoniales y que entronca con el carácter sacramental, religioso y ético de los antiguos rituales caballerescos[4]
 
En el presente artículo nos centraremos en las ceremonias de ingreso como 'ritos de institución', para así evidenciar algunas consecuencias importantes, que el ceremonial de ingreso tiene sobre el estamento nobiliario: la ratificación pública de diferencias sociales, cómo cumplen una función de salvaguarda y reafirmación del propio estamento. También expondremos de dónde nace la legitimación que tiene una entidad, para que todo lo anterior sea efectivo. Todo ello enmarcado en el contexto del variado fenómeno asociativo nobiliario español, con el que tenemos la suerte de contar en la actualidad.
 
Utilizaremos como sinónimos los conceptos de entidades, instituciones y corporaciones, pretendiendo englobar en ellos las diferentes órdenes, maestranzas, cuerpos, cofradías y asociaciones nobiliarias españolas, sin olvidar a las internacionales o extranjeras que gozan con una importante raigambre en España.
 
 
Desarrollo.
           
A través del ritual se reconoce, legitima y proclama la distanciación social preexistente entre aquellos individuos que lo experimentan de los que nunca lo experimentarán[5]Por lo tanto las ceremonias de ingreso expresan públicamente que existe una diferencia previa entre aquellos que han probado su nobleza o hidalguía, según los estatutos de la entidad nobiliaria correspondiente, frente a aquellos otros que no prueban y por lo tanto nunca podrán ingresar. De hecho, con estas ceremonias, se está diferenciando abiertamente, quiénes son los que forman parte del estamento y quiénes no. Esta diferenciación se materializa en una serie de cambios y comportamientos del y hacia el neófito, inequívocos y notorios[6]. Tras la ceremonia, los miembros de la corporación le reconocen como "Hermano de manto" y si no le correspondía previamente, recibe tratamiento de Ilustrísimo Señor o Señora. Oficialmente, pasa a ser 'uno de los nuestros'. Además tiene derecho a utilizar, según cada entidad, hábito o manto, uniforme, insignias y otros distintivos privativos. Por ejemplo, podrá asistir a un acto social con una miniatura de la venera en el chaqué, placa con el frac o uniforme y con el traje de diario portar en el ojal una roseta o distintivo de la corporación. Aparecerá su nombre y tratamiento en un escalafón junto al resto de caballeros y damas. Puede que, además, tenga un lugar reservado en funciones religiosas o incluso en procesiones. En su esquela podrán sus parientes citarle como Caballero o Dama de tal, con su tratamiento correspondiente. Todas estos 'derechos' que adquiere el neófito, se obtienen tras la promesa o jura y, aparte de cohesionar el grupo, enfatizan la diferencia con aquellos que no pueden obtener y disfrutar los citados 'derechos'.
 
En relación con lo anterior nos encontramos con una de las funciones más interesantes que desempeña un ritual, que es el de permitir la entrada sólo a aquellos que pueden y deben ingresar en él, pero también tiene el importante cometido de, en la medida de lo posible, impedir que los individuos salgan del grupo social y por tanto se degraden o pierdan categoría[7]. Habitualmente los autores que, desde dentro del estamento, lamentan el desmembramiento y casi extinción del estado noble, cifran en el abandono o renuncia de su condición a sus propios miembros como la principal causa[8]. Las ceremonias de ingreso ayudan a que esto no suceda, pues además de que el individuo está admitiendo públicamente su pertenencia al estamento, puede llegar incluso a alterar la imagen que tiene de sí mismo, obligándole a adoptar comportamientos que se ajusten a esa nueva imagen[9]. Luego, a través del ritual de ingreso, la entidad ejerce esa función de salvaguarda del estamento nobiliario, manteniendo la categoría, resguardando y custodiando la calidad de sus miembros.
 
Para que el ritual de ingreso tenga validez y por tanto trascendencia para el estamento, la corporación necesita que la ceremonia sea legitimada por una autoridad superior[10]. Si tomamos como ejemplo la ceremonia anual de ingreso en el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, veremos que quién toma la promesa a los nuevos caballeros y damas es su presidente. Pero por muy reconocida que pueda ser su figura socialmente y principal el papel que ocupe en la ceremonia de ingreso, él no ostenta la expresada autoridad por sí mismo, sino que es otorgada y reconocida por diferentes actores fuera y dentro de la ceremonia. Además de la venia para el acto que se solicita preceptivamente y concede la Casa Real, podemos identificar al menos cinco actores: en primer lugar la junta directiva del Cuerpo, así como el resto de caballeros y damas que lo conforman y le tienen como presidente. En segundo lugar, todas aquellas personalidades, que habiendo aceptado ser, protectores del Real Cuerpo avalan la institución[11]. En tercer lugar, el presidente y también la ceremonia es ratificada por el propio estamento, puesto que asisten como testigos representantes de La Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España (agrupa a Grandes y Títulos del Reino), órdenes, corporaciones, cofradías y asociaciones nobiliarias. En cuarto lugar, aquellos representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores, Órdenes Militares y cuerpo diplomático acreditado ante el Reino de España[12]. En el quinto lugar, se engloban aquellas personas que asisten a la ceremonia como 'público' entre los que se encuentran los familiares y amigos. Por último es importante subrayar el lugar dónde acontece la ceremonia, el Real Monasterio de la Encarnación, que impregna al rito con un aura de solemnidad y en cierta forma legitimador al realizarse la promesa en un recinto sagrado y refrendado posteriormente con una Santa Misa, que es presidida y oficiada por los capellanes del Cuerpo, ambos Monseñores.
 
 
Conclusión
 
En la actualidad acometer un estudio sobre el estamento nobiliario en España, puede entrañar algunas dificultades a la hora de identificar y elegir a los individuos objeto de estudio, puesto que si bien podemos distinguir a algunos de sus miembros por la notoriedad de su linaje o gracias a la dignidad nobiliaria que ostentan, no podemos conocer a priori qué importancia le otorga ese mismo individuo a su condición noble. Incluso se podría dar el caso, de una persona que, a pesar de haber heredado o habérsele concedido esa calidad, no le dé importancia y, en consecuencia, no se considere a sí mismo como parte del estamento. También puede ocurrir todo lo contario, pero sin utilizar alguna técnica cualitativa, es muy difícil que podamos saberlo. Uno de los grandes problemas del estamento nobiliario es que, desde la unificación de estados en el siglo XIX, la nobleza, especialmente la no titulada, ha perdido la memoria histórica y sus individuos han olvidado la pertenencia a una determinada clase social con los derechos, deberes y obligaciones que comportaba formar parte de ella[13]
 
Ahora bien, puesto que el formar parte de una entidad nobiliaria es un acto voluntario, cabe pensar, que el individuo que da este paso, cree y es consciente de su condición noble, ya que debe preparar y someter su expediente de ingreso ante un fiscal o junta de probanza, los cuáles deben juzgar las pruebas plenas o actos positivos de nobleza presentados. Además, una vez aprobado este expediente, la entidad recibe a los neófitos en una ceremonia de ingreso, en el transcurso de la cual se realiza un solemne juramento o promesa de adhesión a la entidad y a un determinado ideario. Se nos facilita así la identificación de aquellos individuos del estamento nobiliario, que además de heredar u obtener esta cualidad, la hacen valer y la proclaman con su ingreso en los referidos cuerpos nobiliarios.
Sin duda, las entidades nobiliarias son ámbitos de trabajo de gran interés para estudiar al estamento nobiliario español en la actualidad. En particular son especialmente relevantes sus ceremonias de ingreso al comprobar que se trata de 'Rituales de Institución', que, legitimados, transcienden a los individuos y los límites de la propia corporación teniendo consecuencias positivas sobre el propio estamento, convirtiéndose estas entidades en garantes del mismo.
 
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1. Martin Segalen. Ritos y rituales contemporáneos. Alianza Editorial, 2011. Pág. 56
2. Martin Segalen. Ritos y rituales contemporáneos. Pág. 41
3. Pierre Bourdieu "Los ritos como actos de institución". Honor y gracia. Coord. por Julián Pitt-Rivers, J. G. Peristiany. Alianza Editorial, 1993. Pág. 113
4. Manuel Fuertes de Gilbert y Rojo, Barón de Gavín. La nobleza corporativa en España: nueve siglos de entidades nobiliarias. Ediciones Hidalguía, 207. Págs. 309-331
5. Pierre Bourdieu "Los ritos como actos de institución". Págs. 113-114
6. Pierre Bourdieu "Los ritos como actos de institución". Págs. 116 y 120
7. Pierre Bourdieu "Los ritos como actos de institución". Pág. 119
8. Fernando García-Mercadal y García-Loygorri, Manuel Fuertes de Gilbert y Rojo, Barón de Gavín. Caballeros del siglo XXI: Vindicación jurídica y sentimental de las corporaciones nobiliarias españolas. Dykinson, 2004. Págs. 17-19 y " Faustino Menéndez Pidal. La nobleza en España ideas, estructuras, historia. Fundación Cultural de la Nobleza Española, 2008. Pags. 329-372.  
9. Pierre Bourdieu "Los ritos como actos de institución". Págs. 116 y 118
10. Pierre Bourdieu "Los ritos como actos de institución". Pág. 122
11. Según el Estado del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, editado en el año 2009, págs. 21-29, respaldan la institución formando parte de ella: Como Jefe Supremo, S.M. el Rey, son Caballeros Protectores S.A.R. el Príncipe de Asturias y S.A.R. el Infante don Carlos, Duque de Calabria, y como Damas Protectoras, S.M. la Reina, S.M. a Reina de los Belgas, Doña Fabiola de Mora y Aragon, S.A.R. la princesa de Asturias y S.A.R. Doña Ana de Orleáns, Princesa de Francia. Además su Capellán Mayor Perpetuo es su Eminencia Reverendísima el Cardenal Arzobispo de Madrid, Don Antonio María Rouco Varela, su Capellán de Honor el Excmo. Rvdmo. Sr. Monseñor, Don Antonio Astillero Bastante, Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, y su Capellán el Excmo. Rvdmo. Sr. Monseñor, Don Joaquín Martín Abad, Vicario episcopal para la Vida Consagrada. Por último son miembros de Honor Perpetuos el Excmo. Sr. Alcalde del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid y el Excmo. Sr. Ministro de Asuntos Exteriores.
12. En el artículo sobre el juramento y toma de manto de nuevos caballeros y damas del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid publicado en Numen Digital, revista de excelencia: <http://www.numendigital.com/index.php?articulo=633> y en la reseña publicada en el diario ABC de 12 de febrero 2.011, Pág.55, se enumeran las instituciones nobiliarias que estuvieron presentes en la ceremonia a través de sus representantes: Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España, Real Consejo de las Órdenes Militares, Real y Militar Orden de San Hermenegildo, Soberana Orden de Malta, Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Sacra Orden Militar Constantiniana de San Jorge, Reales Maestranzas de Caballería, Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, Real Cofradía de Caballeros Cubicularios de Zamora, Ilustre Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca, Real Hermandad de Infanzones de Nuestra Señora de la Caridad de Illescas, Real Hermandad del Santo Cáliz de Valencia, Junta de Nobles Linajes de Segovia, Real Asociación de Hidalgos de España y el Ilustre Solar de Tejada.
13. "Bases sociales de la emblemática: aristocracia y nobleza, pasado y presente". Manuel Fuertes de Gilbert y Rojo. Emblemata, revista Aragonesa de emblemática. Vol. XVI. Ed. Instituto 'Fernando el Católico', 2010. Págs. 185-202.
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